
En el mundo antiguo la participación política, es decir la incidencia en los asuntos que tenían que ver con la actividad estatal y su correspondiente impacto en lo social, quedaba reservada para cierta clase de personas. Estos individuos políticos ostentaban su condición en razón del poder que otro parámetro social les otorgaba: la riqueza derivada de la posesión de la tierra o una jerarquía importante en lo militar. Esa clase articulaba su poder sobre los esclavos, sostén económico del posterior feudalismo y aquella clase fue la que impulsó el desarrollo del concepto de ciudadanía, porque ciudadano es el que, al tener derechos políticos participa en lo relativo a la política. En otras palabras, el concepto de ciudadanía tiene un origen de mierda.
Y ser ciudadano hoy implica hacerse cargo, o por lo menos ser consciente de ello.
Verán, existe un texto que, desde el punto de vista correcto, es el mas importante (porque la Biblia me chupa un huevo) y es la Constitución Nacional. Dicho texto es una norma suprema, de ella derivan los derechos que nos permiten gozar de la realización de aquellas acciones que mas nos reconfortan, sean las que fueren según los gustos de cada uno. Y como esos derechos están enunciados en esa Ley Fundamental, nadie nos los puede quitar. Pero, después de una joda, por lo general hay que juntar los puchos, tirar las tapitas, barrer los vidrios del vaso que un boludo rompió, etc. Es decir: los derechos que nuestro sistema nos otorga vienen con ciertas responsabilidades. El derecho a voto es obligatorio porque hace a la salud de la democracia, porque como receptores de las virtudes, de los beneficios del sistema, es lógico tener que velar por su integridad.
De todo esto, sin pensar mucho, surge lo siguiente.
La verdad es que a la hora de votar, las consecuencias de la elección no recaen solo sobre nosotros, sino también sobre aquellos que no tienen acceso a la participación política. Sobre aquellos que no reciben ningún beneficio de la política y aun así son usados para la política por los aparatos de siempre. Sobre aquellos que, como nosotros, tienen sus derechos en la Constitución, pero están tan despojados de la posibilidad de ejercerlos que ya no son personas y bancan como esclavos en la Edad Media. Mientras el resto tiene la preocupación de la seguridad y de la inflación por todas partes, ellos, sufriendo de todas las necesidades y faltas mas básicas e inimaginables, deben soportar al gobernante que elegimos los ciudadanos de primera y que por supuesto tiene soluciones políticas para nuestros problemas políticos… y solo para los nuestros. Al igual que en la Roma Antigua, somos ciudadanos y somos bastante soretes…
Así que seria bueno que empecemos a evolucionar como soretes y pensemos en el resto a la hora de elegir.
Jerry Maguire
